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Parte 1: Diarios de cocina: Si no pides

Parte 1: Diarios de cocina: Si no pides

Desde que nos mudamos a la casa, siempre he querido cambiar la cocina. Desde el  principio, he detestado ciertas cosas de esta: los parqués rajados del piso y la encimera que también está cubierta de parqués con pequeñas rajaduras, los espacios entre ellos llenos de suciedad y la lechada llena de bacterias que procrea moscas de frutas. Tampoco nunca me importó la decoración, pero el hecho de vivir simplemente eso no era algo principal para nuestra lista de prioridades. En los últimos cuatro años, a pesar de la limpieza habitual que hacemos, hemos tenido insectos y pericotes mudándose a la casa y las cucarachas, en el verano, toman el control, sus crías airosas nos ven del otro lado del vidrio del microondas. Al regresar de Australia, los fumigadores habían esparcido su gel anti cucarachas en cada esquina y rajadura, personalmente pasé las dos primeras 3 de la madrugada, afectada por el desfase del horario, tratando de dar una limpieza profunda a la cocina y me preguntaba si solo me había acostumbrado a vivir en tal suciedad con los años o si era que realmente había empeorado durante las tres semanas que nos fuimos de Perú.

A veces, nos acostumbramos de tal manera a vivir en un hueco sucio que se vuelve normal para nosotros. Aceptamos la vida tal cual es y la llamamos sencillez y estar conformes. Antes de ir a Australia, siempre quería cambiar mi cocina, pero desde ya siempre estaba agradecida por tener una cocina de bastante espacio que era lo suficientemente bueno. Al regresar, algo en mí cambió y de pronto, sentí que ahora una nueva cocina estaba en la agenda de Dios. Una mañana me levanté muy temprano y todo  lo que estaba en mi cabeza era rediseñar mi cocina. Saqué un sketchbook y me preguntaba si la creatividad y el dibujo de un plano podrían ser parte de mi tiempo de reflexión, me di cuenta que ese era el mejor espacio para hacerlo y le pedí al Espíritu Santo que me mostrara ¡como quería la nueva cocina! Sucedió rápido. Me mantuve diciendo a la gente que Dios proveería el dinero para empezar la próxima semana. Era solo uno de esos momentos que solo sabía que Dios proveería en ese periodo de tiempo. Elaboramos un presupuesto, hicimos una llamada y ¡teníamos el dinero para empezar!

Estar fuera del Perú por solo un corto tiempo cambió mi percepción en lo que debería aceptar como suficiente. No en una forma presuntuosa, sino que me hace entender que con cuanta frecuencia me conformo con menos de lo que Dios desea para mí y lo que le encantaría hacer. Dios es un Dios tan relacional y de forma muy continua hay más a disposición si elegimos asociarnos con él y ver las cosas desde su perspectiva. A veces, Dios solo está esperando que nosotros ¡le pidamos! Como Jesús dijo en Juan 16:24: Hasta ahora ustedes no han pedido nada en mi nombre. Pide y recibirás para que tu gozo sea completo.

Sin embargo, para ser franca, hay otra razón por la que no pedía puesto que sé que ello implica un montón de trastornos y retos, y no he estado dispuesta en considerarlos, prefiriendo quedarme con menos de lo satisfactorio hasta que la situación se volvió desesperante.

Y pienso que esto sucede continuamente con mi vida también. Esta situación me hace cuestionarme con cuanta frecuencia no me tomo la molestia de pelear porque no puedo enfrentar la transición que toma llegar al logro. Acepto la disputa con mi esposo porque sé que podemos conllevarla y aun funciona bien, acepto las quejas de los niños en cuanto a la comida porque simplemente espero que se cansen de hacer ello. Acepto tiempos mediocres de reflexión hasta que me sienta seca y desesperada, tolero la situación con mi hijo de dos años que ocasionalmente se moja ya que requiere demasiado esfuerzo tratar de recordar llevarlo al baño cada 30 minutos.

Entonces ahora estoy pidiendo, en oración, a Dios que me ayude con esos retos que parecen demasiado difíciles dirigir en mi vida, mi matrimonio y el carácter de mis hijos. Estoy comenzando a dirigirlos en oración y practicidad, no enfocándome en los obstáculos ni en los gigantes de esta tierra, sino en las promesas que Dios me ha dado. Él es fiel y él vence todos los obstáculos con su poder y puedo confiar en él.

¿Dónde está Dios ofreciéndote la tierra prometida y te sientes tentado a  permanecer en Egipto?

¿Cuáles son los primeros pasos que puedes tomar para prepararte para la transición?

 

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