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Huyendo – por Helen Askew

Huyendo – por Helen Askew

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A pesar de ir a la escuela en el pueblo natal de Helen, Godalming, Surrey, Inglaterra, no nos conocimos hasta que me mude a la universidad en Sheffield, Inglaterra. Helen y Ben recién estaban casados en ese momento, y nuestros caminos se habían cruzado aquí y allá. Luego las dos tuvimos niños con dos meses de distancia y logramos pasar el rato juntas en el grupo de Madres Primerizas cada semana, hasta que Mark y yo no mudamos a Perú!. Tengo mucho respeto por Helen y Ben y su deseo de entrenar a la siguiente generación. Ellos con personas de fe excepcional y estoy muy agradecida de tenerlos a ambos contribuyendo esta semana, (¡usted puede leer el comentario de Ben mañana!):

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Ben y yo hemos estado casados por mas de 11 años. Como cada pareja, hemos tenido altos y bajos, buenos tiempos y tiempos difíciles. Han habido situaciones difíciles en dónde hemos tenido que aprender como jalar juntos y venir a Jesús para atravesarlos, pero a menudo los desafíos han sido cuando nos molestamos o frustramos el uno al otro, ¡cuando solo no podemos entender por qué el otro se esta poniendo tanto en nuestros nervios!

Esto para mi era muy cierto en los primeros días de matrimonio, cuando estábamos aprendiendo a compartir nuestras vidas enteras juntos y me encontraba a mi misma siendo muy transversal con Ben, a menudo por cosas pequeñas.

Cuando yo estaba creciendo, realmente nunca aprendí a lidiar con el conflicto de manera sana. Mi hermana y yo teníamos muchas discusiones: gritando y gritando, tirando puertas y peleas físicas ocasionales. La solución de mis padres era separarnos hasta que nos calmáramos y pudiéramos decir perdón, lo cual a un grado funcionó.

Excepto que yo era muy buena en guardar rencores, así que a menudo me tomaba hasta el día siguiente para pasarlo. Nunca me enseñaron realmente como manejar el conflicto excepto huyendo o escondiendome de el. 

El problema en una relación adulta, como el matrimonio, es que no es considerado adulto correr y esconderse en su habitación, ¡esperando que cuando uno salga todo estará bien otra vez! Entonces cuando Ben y yo discutíamos o no estábamos de acuerdo en algo una vez que estábamos viviendo juntos, era muy difícil escapar de el – ¡para comenzar teníamos que compartir la cama! Esos primeros años de matrimonio me enseñaron mucho acerca de cómo lidiar mejor con el conflicto.

La cosa que siempre encuentro es que, cuando me molesto con Ben por algo que el ha (¡o no ha!) hecho, realmente me estoy confrontando con mis propias debilidades, insuficiencias o pecado. Cuando me molesto porque él es sucio o desorganizado, realmente lo que viene al primer plano es mi deseo de controlar las cosas, ¡lo cual estoy segura no es la manera de Jesús! Algunas veces cuando pienso sobre ello, son las cosas que me molestan mas sobre mi misma las que también me molestan sobre Ben. El matrimonio puede ser como un espejo – como también puede ser el tener hijos – las personas a las que somos mas cercanas a menudo pueden ver las peores cosas acerca de nosotros, y si usted es un fanático del control como yo, a usted no le gusta.¿Es mucho mas preferible huir de aquellas cosas en nosotros en lugar de enfrentarlas honestamente, no es así?

Lo que vi gradualmente, a través de un montón de tiempo, amor, perdón y paciencia (por parte de Ben), fue la figura de cómo Dios se siente sobre mí. Cuando Ben me sentó y esperó y esperó a que yo fuera capaz de explicar como me estaba sintiendo, lo que también aprendí fue que el Padre me ama incondicionalmente, a pesar de las debilidades y pecado, y que el me ama lo suficiente para que amable y pacientemente me vea cambiar. He aprendido mucho sobre el carácter de Dios a través de estar casada, ambos al ser mostrado por Ben en sus buenas respuestas hacia mi, pero también en aprender como mostrárselo a él.

Usted ve el matrimonio, (y otras relaciones significativas – usted no tiene que estar casado para experimentar esto), es una fantástica oportunidad para más aprender el uno del otro sobre el corazón de Dios hacia nosotros, y una oportunidad para practicar expresar ese amor que transforma y sana, perdona y restaura. Puede ser doloroso, pero creo que absolutamente vale la pena.

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Helen está casada con Ben, y vive en Deal, Kent, Reino Unido. Ellos tienen dos hijos ases, Callum y Bethan. Como familia, ellos aman a Jesús, la gente, la música, la costura, escribir, los arándanos, los zapatos, las diapositivas, los conejos, los trenes y los Octonauts. ¡Algunos de ellos aman mas de esos de otros!

 
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