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Cuando alabar es… una entrada triunfante

Cuando alabar es… una entrada triunfante

Esta es la parte 5 de una serie de 6 partes sobre la adoración. Cada publicación es independiente, pero aquí puedes leer parte 1, parte 2parte 3 y parte 4 

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...una entrada triunfante

Como cristianos, sabemos que estamos en una batalla, pero hay temporadas en las que, a veces, nos encontramos al frente de batalla.

Imagínate a las trincheras de la primera Guerra mundial. Tú sabes, el enemigo está cerca y, puedes sentir las armas disparar y las balas ocasionalmente volar cerca de ti. Estas pueden incluso herirte o herir a un amigo. En ese preciso momento sientes total justificación para gritar, entrar en pánico y correr a tu casa. Olvidarte en ese momento que puedes ser el único soldado y la batalla en la que te encuentras sabes que tiene para rato.

Yo sé cómo se siente y solo quieres rendirte.

Decir, ‘no más’. ‘Sácame de aquí… ¡AHORA!’

Y, a veces, nos retiramos por un tiempo para sanar y ser restaurados en la base del campamento lejos de la primera fila de la zona de guerra.

Y, a veces, tenemos el privilegio de quedarnos en la primera fila y ser asistidos, por los médicos de la trinchera, el Espíritu Santo, y ¡seguir peleando!

Muy bien, entonces escribo la palabra ‘privilegio’ a regañadientes, porque en realidad, aunque estoy eternamente segura que lo veré de esa manera, a veces solo deseo poder ir a la base del campamento y recuperarme allí. A veces, pienso en rendirme y luego me pregunto a mí misma, a dónde iré y ¡¿por qué habría de ser mejor allí?!

Y eso me hace saber que no hay escape de estas batallas, porque hay batallas en la mente. Puedo estar en la peor de las situaciones, en medio de robos y muerte y a la vez sentir la paz y gozo de Dios.

Y luego, hay días cuando incluso, las cosas pequeñas suceden y aun esas cosas el enemigo las usa para traer mucho desanimo.

Y entonces, ¿Qué hago?

AQUÍ LO QUE QUIERO HACER:

Quiero regresar a la cama. Quiero evitar a todos los que están en mi casa para almorzar, para orar, para cualquier cosa, y me encierro en mi habitación. Quiero comer chocolate o no comer nada, en absoluto. Útil, yo sé.

Aquí esta lo que trato de hacer, frecuentemente lo único que trae vida, alivio a ese espíritu oprimido por el desánimo y la angustia: Adoración. 

Adoración. En todas las presentaciones que tome:

Empapándome por una noche con Jason Upton en youtube,

Encontrando un antiguo himno con palabras y acordes fuertes, cantando en voz alta, sola, antes que toda la casa se levante.

Dirigiendo la alabanza en lugar de orar cuando me siento confinada dejando que alguien más lo haga. Porque yo sé que en mi debilidad Él es fuerte.

Escuchando en el carro pasajes bíblicos para niños y declarando en voz alta esos versículos mientras Daniel me dice que las palabras que estoy cantando están mal.

Escuchando música de adoración de fondo mientras enseño en la casa a Daniel o preparo la comida.

Y mientras adoro, y protesto, y resisto, y me entrego, y ceso de luchar, caigo en Sus brazos fuertes que siempre me sostienen, y encuentro esperanza otra vez. Encuentro vida, significado y triunfo. Mi espíritu se levanta.

No hay coincidencias de porqué las paredes de Jericó se desplomaron mientras las personas gritaban y alababan.

No hay coincidencias cuando aquellos que vencían a la bestia en Apocalipsis 15 cantaban en voz alta con sus arpas acerca del poder de su Dios Todopoderoso.

Porque cuando lo veo y declaro quien es Él, la alabanza es… una entrada triunfante.

… Otorgarles… un vestido de alabanza en lugar de un espíritu angustiado

– Isaías 61:3


Esta es la parte 5 de una serie de 6 partes sobre reflexiones de adoración.

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